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Los tres consejos [ATU-910B: The Observance of the Masters Precepts]

Lugar / Place Castrillón (Boal) ASTURIAS.
Informante / Narrator Emilio López Méndez, 82 años.
Recopilador / Compiler Jesús Suárez López (1996).
Correspondencias literarias / Old Literature Variants Pedro Alfonso, Disciplina clericalis, 28; Don Juan Manuel, Conde Lucanor, 36; Sánchez de Vercial, Libro de los Ejemplos, 362, 363; Timoneda, Patrañuelo, 17; Espinel, Marcos de Obregón II, pp. 150-164.
Fuente / Source Jesús Suárez López, Cuentos del Siglo de Oro en la tradición oral de Asturias (Gijón: Museo del Pueblo de Asturias, 1998), nº 41.1.
Cuento / Tale Era un matrimonio que nun marchaban abundantes en el asunto económico y, por fin, un día el hombre decidió marcharse por el mundo pa ganar algún dinero. Y alló, caminando, encontró un señor que lle deu trabajo. Y bien, siguiú muchísimo tiempo en aquella casa, ganando una onza al año. Y pasaron muchos años, hasta que un día determinó de marcharse, volverse a casa. Y claro, tenía devengado todo el tiempo que llevaba allí de trabajo sin cobrar, y pagólle el amo a razón de una onza por año. Conque, cuando trató de marcharse, ya liquidado y todo el pago, dice [el amo]:

Bueno, si quieres te doy un consejo. Te cuesta una onza ¿eh?

Tuvo pensando, dice:

Pues sí, deme un consejo.

Dice:

Lo que no importa, lengua corta. Bueno, ¿qué?, ¿quieres otro?

Pues sí.

Siempre por camino. No hay atajo sin trabajo. Bueno, ¿qué?, ¿te doy otro?

Pues sí.

Antes de hacer una cosa, hay que mirarse tres veces.

Bueno, hala, marchóuse. Nel primer sitio parador que encontró, pidiú albergue, y se lo dieron, en fin. Pero colgado nel comedor y nel dormitorio todas eran calaveras, esqueletos de seres humanos. Y le llamaban mucho la atención, y quería preguntar a ver; pero acordóuse del consejo: "Lo que no importa, lengua corta". Diz él:

¡No, cá! No se puede preguntar.

Por la mañana al despedirse dice el dueño:

Bueno, es usted el único que ha entrado aquí que no ha preguntado por lo que ha visto. Esas calaveras son de personas, de todo aquél que se ha hospedado aquí y ha preguntado.

Bueno, marchó, y por el camino encuentra un transeunte como él, que seguía el mismo camino. Y siguieron juntos hasta que llegaron a un sitio, y dice el compañero:

Por aquí se ataja tanto y tanto y qué sé yo qué

Y acordóuse que había que seguir el camino, que nunca por atajos. No había atajo sin trabajo. Y diz él:

No, no, yo sigo el camino.

Y el compañero coyéu el atajo. Pero el terreno que cortaba& llegóu antes él por el camino que el otro, porque el que se metéu por el atajo encontróu os ladrones, roubáronlo, quedóu sin un céntimo y detuviéronlo qué sé you el tiempo. Chegóu antes el outro, y sin rouballo. Conque cheguéu él solo después, y chegóuse a cerca de donde era, y contando su vida [y preguntando por su mujer] dicen:

Pues sí, conocemos esa señora. Está viviendo con un cura.

Y chegóu de noche al pueblo, y veise por encima del tejado, y por a llumeira llumeira é un ahujero nua losa que cubre, pa que salga el humo, y da claridá a cocina, haila aquí, mirando pa baxo. [Y vio al cura con su mujer] Y bota a mau al revólver, que lo tía, ya iba pega-y un tiro al cura; pero acordóuse del consejo: "Antes de hacer una cosa hay que mirarse tres veces".

¡Pues nun lle tiro!

Nun lle tiróu. Al outro día amanecéu, y xa se divulgaba por el pueblo:

¡Hoy hay misa, é a primeira misa!

[Y él pregunto a un vecino por qué era ese día la primera misa. Y el vecino

contestó]:

Pues é ua señora de tal, que casóu embarazada y tuvo un hijo. Y como

pudo estudióu y hoy é a primeira misa.

Foise él y fuei a misa. Había un plato y todos daban una limosna. Y agarróu él una onza y púsola en el plato. Y llamóu a atención a todos aquel grande, por qué él ponía tanto. Y acordaron:

¡A aquel hombre que puso una onza hay que invitarlo al banquete!

Desque se terminó el banquete empezaron a comentar como siempre en los banquetes, a hablar de la vida. Y aquella señora, la madre del cura, empezó a comentar que era casada y que su marido que se marchara por el mundo, quedando ella embarazada, y qué sé you cuanto, y había tantos años y qué sé you cuanto. Y entós hablóu él:

Yo tengo andado mucho por el mundo. Ese hombre ¿por casualidad tendría alguna señal pa poder conocerlo?

Pues sí, tenía un lunar muy grande en el pecho.

Entós foi él y descubríuse, descubríu el pecho, dice:

¿Será éste?

Y era el marido y el padre del cura.